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Un viernes de calor agobiante en Buenos Aires, un bar de Palermo, pintoresco, nada presuntuoso y muy agradable, refresca. El lugar no es casualidad: la entrevistada lo eligió, dejando entrever su personalidad. Un detalle tan simple como ese a veces dice tanto... Llega puntual y espera con una gran sonrisa. Todo, incluso verla lidiar con su teléfono tecnológico, crea una atmósfera de comodidad; no hay nada de diva en esta mujer de rasgos asiáticos. Su atuendo es perfecto: un vestido turquesa cae sobre la delgada figura, mientras un cinto dorado corta la silueta al medio. La charla es espontánea, auténtica, como cuando dos amigas que no se ven hace rato se ponen al día. Así es Lyla Peng…
-¿Cómo fueron tus comienzos en moda, tu origen antes de ser productora?
Lyla Peng:- Nací en la Argentina, pero mis padres son de Taiwan. Se conocieron acá, lo cual es muy loco, teniendo en cuenta que mucha gente piensa que llegaron juntos del mismo país. Estuvieron entre los primeros chinos que vinieron a Buenos Aires. En esa época, la década del ´70, había apenas una colonia japonesa.
Ellos son comerciantes, siempre trabajaron en restaurantes chinos, de menú a la carta y a veces tenedor libre. Yo, por mi parte, terminé el colegio y me agarró una etapa depresiva, la típica de sentir qué hago ahora porque todos estaban con el CBC o decidiendo qué carrera seguir. Yo, nada. Coincidió también con que mi familia se había ido a trabajar al interior, cosa que me provocaba una sensación de vacío, de sentirme perdida. Y, bueno, la verdad es que estaba perdida. Sé que lo hicieron por nuestro bienestar -el mío y el de mi hermana- ya que la cultura oriental tiene arraigada con fuerza la filosofía de que uno debe trabajar arduamente para asegurarles un futuro digno a sus hijos.
A partir de mis 20 decidí salir a trabajar. Empecé en un cíber y estuve como cadete en una agencia de turismo. Lo más cercano a la moda fue cuando me tomaron de vendedora en una tienda de Palermo. Ese fue el puntapié para lanzarme sola. Tiempo después derivaría en asistente con una productora muy importante.
-¿Cómo llegaste a conseguir tu primer trabajo relacionado con la moda?
En el primer lugar que estuve cómoda y sentí que comenzaba a vivir mi sueño fue en DAM; yo pasaba por la vidriera fascinada y decía: ¡wow, me encantaría trabajar acá! Siempre lo menciono porque esa fue la primera vez que sentí que me trataban como un ser humano. El maltrato no se justifica, de ningún tipo. Yo estaba orgullosa de ponerme la camiseta de la tienda. Sentía que ese local era mío, pero no como jefa, sino por haber encontrado mi lugar de pertenencia. Mi jefa me trataba rebién, iba feliz todos los días, para mí éramos una familia. Me encantaba su estética, que también era mi onda: ropa retro, reciclada, con historia. Personalmente me gusta tener una conexión con la gente, porque no se trata simplemente de vender, es también asesorar.
Cuando no trabajé más allí encontré de casualidad en otro local de ropa a Matilde Quintana -directora de la Revista Vanidades-, quien solía frecuentar DAM, pero yo nunca la había atendido. Sinceramente creí que era una clienta más. La miré, respondió con una sonrisa y cuando al firmar el remito de las prendas que retiraba dijeron su nombre me di cuenta de quién era. Decidí no dejar pasar esa oportunidad: me presenté, le dije dónde había trabajado y me ofrecí para ser su asistente. Siempre fui de frente.
A partir de ese momento hice tarjetas personales, no sólo por presentación, sino también por una cuestión mía de seguridad. Arrancaba una movida nueva, en un mundo nuevo para mí, y también significaba lanzarse como freelance. Esto fue quizá lo más difícil, ya que antes estaba contenida, todos los meses tenía un sueldo, pero ya no iba a ser así.
-¿Cómo reaccionó tu familia, al venir de una cultura tan tradicional, con tu nuevo emprendimiento?
-Me llevó un año para que mi familia lo entiendiera. Me preguntaban por qué no me conseguía algo fijo, hasta que mi mamá se dio cuenta de que iba en serio, que estaba apasionada con lo que hacía, y que de a poco comenzaba a dar sus frutos. Ahora le encanta todo lo que hago.
-Entonces, ¿cómo fue tu experiencia en Vanidades?
-Fui asistente de Matilde un año y medio. Aprendí un montón, le estoy muy agradecida. Es una mujer exigente y gracias a esa disciplina puedo manejarme en muchas situaciones de mi trabajo actual. Pero soy muy inquieta y tuve la ansiedad de seguir. No me conformaba siendo asistente, ya quería ser productora de moda. Ahora, más calma, rebobino y pienso que quizá tendría que haber bajado un cambio: seguir con Matilde para que finalmente me diera las producciones de moda. Por supuesto que estar con ella me ayudó a tener cancha, porque en producción tenés que ser rápida, y rápida bien, no a los ponchazos. Soy muy perfeccionista, me gusta que las cosas queden impecables.
-¿Hacia adónde siguió tu trabajo?
-Mi primera producción fue para Catalogue. Allí convoqué a artistas con trayectoria, todos diferentes. Para lograrlo tuve una entrevista con Jimena Nahón y me puse firme: le dije que yo quería hacerlo con mi equipo de gente. Lo aceptó porque le gustan las mujeres fuertes, que luchan por lo que quieren, como ella.
Luego empecé a averiguar con otras revistas, como por ejemplo Ohlalá, que recién salía al mercado, y donde también colaboré. Kika Tarelli, en ese entonces la editora, me ayudó muchísimo. Más tarde apareció la oportunidad de trabajar para la revista Susana, donde caí en la sección de las mascotas, que al principio no me convencía, quería modelos reales. No tenía idea de tiendas de ropa y accesorios para perritos, hasta que en la casa Manova me ayudaron, me contuvieron. Trabajé con Matilda Blanco, en la Revista Luz, donde realicé mis primeras producciones sola, como productora de moda: lo que tanto ansiaba.
-A la hora de trabajar, ¿cuál es la ética que perseguís y pretendés que implementen quienes están con vos?
-El clima a la hora de trabajar es sumamente importante. Tanto el maquillaje, el pelo, la modelo, el fotógrafo, los asistentes y la productora deben estar en armonía, respetarse. Nadie es más ni menos; todos somos iguales. Hay que ser agradecido en la vida con quien te dio una mano para entrar en un medio que es tan difícil. Lo puedo ejemplificar en pequeñas situaciones que me ocurren u ocurrían cotidianamente: cuando salían mis producciones corría al quiosco para ver cómo habían quedado. Amaba ver mi nombre impreso, no lo podía creer. Con el quiosquero del barrio pegamos tanta buena onda que compartía mis alegrías, y hasta me esperaba. Hoy me dan ganas de llorar de emoción cuando me acuerdo.
-¿Cómo definirías tu estilo?
-No quiero que asocien mi estilismo a lo recargado. Está bueno tener un sello propio, pero no sé hasta qué punto quiero encasillarme. Para mí, es importante ser multifacética, para poder satisfacer las necesidades de cualquier cliente. Si el día de mañana una marca tradicional me pidiera que hiciera su campaña, debería ser capaz de cumplir con su tipo de estética. Antes tenía una onda más rockera, punk, noche, etcétera, pero no me he quedado anclada. Sigo incursionando en todo tipo de estilos.
-¿Cómo te ves ahora, habiendo logrado muchas de las cosas que te propusiste?
-Sé que tengo talento, es algo que se siente adentro. En otros tiempo tuve muchas inseguridades, pero ya no. Peleé por llegar hasta acá y demostré que mi trabajo tiene un lugar en el mundo de la moda. Para mí la moda es arte. Puede haber gente que difiera, y lo respeto, ya que la palabra arte es mayor, pero también parte de provocar. Debe generar una reacción, aunque sea fea, algo que mueva a quien lo está viviendo. Sé que estoy generando reacciones a través de lo que hago, y hasta ahora han sido muy buenas.
Por otro lado disfruto muchísimo poder estar codo a codo en las producciones con alguien a quien admiro tanto como es Lobo Velar. La primero vez que vi lo que hacía dije: ¡Tengo que estar con él! Y por suerte congeniamos perfecto, compartimos estilismo y tenemos un gusto muy similar. Elegir prendas que a él le gustan me llena de felicidad.
Hoy sigo embarcada en el mundo del freelance, lo cual es complicado: hay momentos a full y baches. Por suerte estoy relajada, pero quiero darles una mano a nuevos diseñadores que necesiten impulso.
-En un futuro cercano, ¿cuáles son tus proyectos?
-Ser editora de moda. También pensé en algún momento -como a mí me gusta tanto el trato con la gente- en tener una tienda, hacer una selección o curaduría de prendas de diferentes diseñadores. Supongo que la cuestión de la atención al cliente la heredé de mi mamá, a quien yo siempre observaba mientras trabajaba. Me gustaría dejar mi marca como la primera mujer asiática en la Argentina que trabajó en moda, como productora especialmente, y que se me recordara por eso, por haber marcado la diferencia, ayudando a nuevos talentos a emerger.
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Lyla Peng.
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Lyla Peng.
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Lyla Peng.
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Foto de la infancia de Lyla.
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Foto de la infancia de Lyla.
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Foto de la infancia de Lyla.
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Producción Lyla Peng. Ph: Salomé Vorfas
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Producción Lyla Peng. Ph: Guido Rodriguez Limardo
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Producción Lyla Peng. Ph: Charly V Real
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Producción Lyla Peng. Ph: Joe Bonomo
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