Una vez más la Feria Ixelmoda dio lugar a los jóvenes talentos. En la mayoría de los desfiles de estudiantes de Diseño primó el estilo tropical y costero, menos en la pasada de la Escuela Arturo Tejada Cano. Allí, 16 flamantes creadores propusieron lo inesperado. Su colección, denominada Latinoamérica oscura, retomó el lado más problemático y negativo del territorio.
El desfile comenzó con una serie inspirada en la época de la Inquisición, con blusas de distintos largos -como la extra larga en gasa negra transparente que dejaba entrever un falda color cobre-. Faldas, chalecos, blusas y pantalones amplios y volátiles, donde lo sintético, lo transparente, el brillo y lo opaco, el cuero y los accesorios estructurales con cierto aire sado encontraban un extraño equilibrio. La clave fue sin duda la predominancia del negro, la variación de texturas, la característica simétrica y geométrica de los conjuntos, y los sutiles acentos de color.
La valentía y el coraje de los próceres independentistas latinoamericanos se reinventan a lo largo de la segunda minicolección. Para su confección se utilizó paño, cuerina y dril, colmados de tachas redondas, en punta y cuadradas, en ciertos sectores. Las ceñidas prendas tienen acentos de color en rojo oscuro, violeta y azul para pantalones y chaquetas, tanto masculinas como femeninas, y corte simétrico con un marcado eje vertical.
Es sabido que las dictaduras marcaron a la cultura latinoamericana. En la siguiente pasada esto se tradujo en prendas negras y doradas como pantalones de charol, camisetas en animal print glam, faldas de lentejuelas, corsets, chaquetas cortas con charreteras y hombreras para las mujeres, y caquetas militares para los hombres –cabe destacar la importancia de los hombros en estos conjuntos-. El look se completó con gafas oscuras y tocados estilo navy llenos de bordados y herrajes, con detalles de paños y plumas en las prendas, y botas para redondear la penúltima minicolección.
La última pasada fue a puro brillo, ya que se vio una línea de vestidos cortos en plateado y negro con chaquetas a la cintura, ajustadas, y excesos en cuanto a textiles: lentejuelas redondas y rectangulares, jacquards bordados, paños con fibra plateada, tafetanes y medias de fantasía. Las plataformas llenas de tachas desde el taco hasta la capellada otorgaron una actitud agresiva aunque femenina. Los hombres llevaron prendas ceñidas como pantalones tubo, chaquetas de paño, botas, todo en negro. El detalle de los cinturones sobre las chaquetas, y los guantes de cuero, le dieron un aire elegante.
La energía de la colección demostró la sensibilidad de los jóvenes creadores de Arturo Tejada Cano para retomar el contexto latinoamericano y convertirlo en moda. Reinterpretar elementos inesperados, como la dictadura y las guerras que caracterizan al continente, fueron las claves del éxito.
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