Blanco inmaculado, sedoso y provocativo, para el atuendo que abre Resplandor en las dunas, el desfile del caleño Andrés Otálora inspirado en las formas del desierto de Sahara. Es una colección femenina, con mucho movimiento, silueta vaporosa-ajustada, liviana, con provocativos escotes y aberturas. Las creaciones danzan en un delicado cambio cromático que remite a un atardecer. Comienza con el blanco puro y muta al marfil, nude, crema, beige, ocre y dorado, para culminar en dorado intenso. Se destacan los materiales, la variedad en cuanto a mezclas de texturas es única: chiffon de seda translúcida, estampados brillantes sobre tafetanes, satén, linos, sedas bordadas y organzas. Un drapeado estilo egipcio se repite en la mayoría de las prendas.
Amplias faldas sobre minis y shorts combinan con blusas holgadas, pantalones tubo, vestidos largos y ajustados. El talle a la cintura destaca la silueta femenina y la forma de reloj de arena que brinda equilibrio. El look revela una mujer estilizada, y se complementa con la propuesta de peinado completamente liso, y los accesorios de Dreams by Claudia Trejos, quien para la ocasión diseñó brazaletes y cinturones. Las piezas, elaboradas en bronce con baño de oro, semejan los colores de la arena del desierto. El calzado de Suuka -sandalias con tacón y botines de cordones, en tonos dorados y nude- termina de elongar la figura.
Con aires africanos
Por otro lado, Beatriz Camacho se atreve al contraste, juega con estampas, experimenta con formas. Así, combina formas geométricas para crear mosaicos y figuras abstractas que recuerdan las mezclas culturales y étnicas del exótico estilo africano.
Estas formas fueron plasmadas en prendas de líneas limpias y estructuradas, sobre siluetas cuadradas, geométricas. Camacho creó atuendos de pocos cortes; faldas rectas, y vestidos hasta por debajo de la rodilla, así como blusas anchas -talego- con mangas 3/4 sin cuello ni botones para un look impecable y pulcro. La colección se confeccionó en velos, satenes y tafetanes, y el protagonismo absoluto fueron las estampadas.
Cargada de reminiscencias rústicas, la paleta cromática osciló entre cálidos tonos tierra, variadas gamas de marrón, mostaza y verdes secos con un toque de carmín, azules cielo y rey. Las prendas se complementaron con el uso de piedras semipreciosas y naturales con aires de misticismo, como ágatas y ojos turcos para la suerte. Estos se bordaron en los ruedos, las cinturas y los puños. Además, hubo flecos negros de todos los largos, que se movían con el caminar. Para los pies, sandalias gladiadoras con tacón, bolsos clutch y gafas tipo Ray-Ban en madera.
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