Y llegó el día en el cual la urbe se empapa del mundo subacuático. Se ve entonces a una mujer con un vestido largo, con cortes circulares, geométricos, cual discípula de Cousteau del 2012, pero lista para caminar por las calles de una gran ciudad. Es que para la colección ColombiaDiseña por Falabella, el joven Camilo Álvarez mezcló lo deportivo con lo cotidiano, y explotó así su insignia: prendas cómodas, en tejido de punto, pero a la vez sensibles, simples, coloreadas en bloque.
Con tan sólo 27 años, este diseñador, egresado de la Colegiatura de Medellín, se codea con los diseñadores locales más consagrados: María Luisa Ortiz, Renata Lozano, Isabel Henao y Mercedes Salazar. Su carrera comenzó hace ya varios años como ilustrador de moda cuando todavía cursaba sus estudios. “Entre mis clientes estaban RCN, Lina Cantillo, la Cámara de Comercio de Medellín, Inexmoda”, comenta.
Así conoció gente y estuvo también en proyectos de diseño de vestuario escénico. Al presentar su proyecto de grado en 2007 lo contactaron los organizadores de LAF -Latino América Fashion-, que juntaban a diseñadores de la región, como Pablo Ramírez, Vero Ivaldi, Vicky Otero, hacían desfiles, y ese mismo año lo invitaron para su edición en Medellín. Al respecto dice: “Era absolutamente nuevo, no había armado ninguna colección, y ése fue mi punto de partida. Estaba también Trista, de México; Julia & Renata, algunos de los grandes de acá”.
A partir de ese momento presenta sus colecciones todos los años, y se las ingenia para financiarse. “Para mi primera colección pedí un préstamo. En ese momento trabajaba en el laboratorio de moda de Inexmoda, terminaba a las 6 de la tarde, y ya en mi casa coordinaba toda la producción -tenía a una persona que se encargaba de eso mientras él estaba en la oficina-. ¡Era como una doble vida!”, relata entre risas. En 2009 renunció para dedicarse de lleno a lo suyo.
Con el 2010 llegó la asociación clave: se unió con Camilo e Isabel para darle forma a la empresa. De este modo, su carrera tomó un rumbo estratégico: “Como diseñador tenía proyectos, pero no una capacidad de respuesta clara, y Camilo tiene experiencia en diseño en masa, e Isabel es también diseñadora. Al juntarnos creo que aprendimos mucho. Ahora, con este proyecto en particular, nos dimos cuenta de que tenemos capacidad para producir lo que nos pidan. Hemos ganado experiencia porque trabajamos produciendo para terceros, tenemos una planta de confección importante, con buena capacidad, y dos puntos de venta en Medellín -están junto con otros diseñadores en Casa Trece-. Acá, en Bogotá, estamos con un proyecto que se llama Zube, de la estilista Catalina Zuluaga y Natalie Berg. Son unos pop-up stores que arman en diciembre”.
La oportunidad
Cuando les presentaron el proyecto, se miraron y dijeron: “No importa, así sea una locura hay que hacerlo”. Es que no podían dejar pasar semejante oportunidad, más siendo conscientes de que podían hacerlo. Actualmente tienen un taller equipado con entre 20 y 30 máquinas industriales y especializadas. “Crecimos sin tener nada y teniéndolo todo, porque tenemos la capacidad de poder hacer las cosas. Para nosotros, es una oportunidad muy importante, y una apuesta por el diseño colombiano por parte del retail más importante de Latinoamérica”, reflexiona.
Con respecto a las prendas, destaca que Camilo Álvarez es diseño bajado a producto: “Mi primera colección fue absolutamente experimental, hubo muchos encargos, pero también muchas modificaciones. Era el momento de hacerlo, recién salido de la universidad hay que darse esa licencia, después no hay forma. Estamos buscando, y creo que lo hemos encontrado -este año ha sido clave en eso-, cuál es nuestro lenguaje”, dice. Lo suyo es lo deportivo mezclado con la ropa urbana, las cosas cotidianas, pero especiales. Hay vestidos de tejidos de punto, que es lo más común para usar entre semana, pero en formato de vestido largo. El equipo trabaja en cómo conseguir eso, cómo hacer cosas especiales, pero que se puedan usar en el día a día.
Por otro lado, si bien los precios de Falabella son muy atractivos, los suyos también lo son. Al respecto declara: “No somos diseñadores lejanos, nos interesa que la gente pueda tener acceso al diseño”.
Ya de vuelta en el tema central, y con esta apuesta en la mano, cuando la oportunidad tocó sus puertas vieron que era justo para ellos. “Es una oportunidad grandísima. Estamos con símbolos y referentes del diseño local, con gran trayectoria. A nosotros, con 3 años, nos parece superbueno poder participar. Y para el retail nuestro público es alternativo, plural. Como vengo de una propuesta tan experimental, acercarme al mercado me generaba el miedo a venderme, pero en la colección del año pasado el vestido más raro fue el más vendido. Sí, hay mercado para lo que estamos proponiendo”, sintetiza.
Sin duda, sus vestidos y leggins, confeccionados en tejido de punto y coloreados en bloque de color de escala de grises, amarillo claro, verde agua y azul cobalto, serán la muestra de que el diseño de autor y las grandes cadenas en Latinoamérica también pueden ir de la mano.
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