En el CMD se lleva adelante Laboratorio T, una experiencia de creación colectiva, con Mariano Toledo a la cabeza, y seis diseñadores creando una colección inédita, original, compleja y desafiante.
-¿Qué es el laboratorio T?
-Es un espacio de creación colectiva. Como diseñador, toda mi carrera si tuve y tengo un leitmotiv es generar imágenes nuevas. Este proyecto, como característica, tiene que tener eso: la generación de nuevas imágenes. Lo novedoso es la creación colectiva, porque ya no es un diseñador trabajando en una colección, sino seis.
-¿Qué genera eso?
-Cosas absolutamente ricas e insospechadas. Mi presente profesional tiene que ver con ser director creativo de marcas. Mi rol dentro de ellas es dirigir grupos de diseñadores, decirles cómo quiero que diseñen, sobre qué temáticas, qué paletas de color usar, qué tendencia descartar o tomar. Viajo por el mundo y busco tendencia, veo colecciones, tiendas, desfiles. Cuando vuelvo, me junto con los equipos de diseñadores y les digo: la próxima colección tendrá el siguiente mapa genético. Después dirijo y controlo a estos grupos de diseño para que trabajen en esa vía, con esa directriz.
-En un punto es vertical y después se convierte en horizontal.
-Absolutamente. Y aprendí a confiar en lo que se genera en un grupo de creativos. Yo tiro una idea, por ejemplo en Muaa, y hay un grupo de creativos que me está escuchando. Investigan, se les ocurren cosas, y de ese magma de pensamientos surgen las ideas para una nueva colección. Pero el que dijo sobre qué tema se iba a trabajar soy yo, el director creativo de esa marca. Lo mismo hago en Chile. Entonces el Laboratorio T es un espacio similar, donde dirijo a este grupo de diseñadores, pero los que diseñan son ellos. Hago visitas periódicas, me muestran los avances de la colección, les doy un feedback, digo qué me parece, qué cosas considero que no deberían ir, cuáles no han incluido y deberían incluir... Entonces aprenden a trabajar en equipo, como en un departamento de diseño, que es algo que acá no se hace.
-¿Por qué te parece que es el momento de introducir esto en la industria?
-Porque se trabaja así en el mundo, y porque yo trabajo de esa forma. Creo en la interacción entre un director creativo y un equipo de diseñadores. Alguien tiene que decir esto sí, esto no, esto lo mezclo con esto, aquello que vos dijiste agarro 1/3 y lo mezclo con ¼ de lo que dijo el otro, porque alguien tiene que dirigir el concierto. En general, mis colegas aquí no piensan de esa forma y creen que todas las ideas son del diseñador y nadie más opina. Se están perdiendo una cosa importantísima, que es la cabeza conjunta.
-¿Qué te hace pensar, en cuanto al contexto, que esta concepción de trabajo va a empezar a funcionar?
-Principalmente porque es inclusiva, todos participan, y eso es sumamente importante en las empresas. Que cada uno sepa que está poniendo un grano de arena, que no es una herramienta descartable. Ahora, dentro del esquema de trabajo, todas las ideas son importantes, y cuando la colección se lleva adelante todos los que participaron sienten que hay algo de ellos ahí.
-¿Y en el nivel social?
-Es importante también porque todos los actores están involucrados en esta tarea creativa.
-¿Creés que las nuevas generaciones están más preparadas para el trabajo colectivo?
-No sé si se vienen preparando. En nuestro país hay un culto al diseño de autor, por lo cual todos los nuevos diseñadores quieren tener su marca, ser famosos, y están muy empeñados en lograr eso.
-¿Y Cuadrilla, que es un proyecto colectivo de una nueva generación de diseñadores?
-Es un buen ejemplo. No es que esté mal el diseño de autor ni la identidad propia, pero creo que cuando eso se transforma en un vicio y en una cuestión egocéntrica pierde mucho. Además, con el país que tenemos y en el contexto mundial en el que vivimos es una aventura inviable. Para mí, el futuro está en estos espacios de creación colectiva. El Grupo Cuadrilla es un muy buen caso, y de hecho el coordinador del Laboratorio T es Edu de Crisci, parte de esta propuesta. Creo en las individualidades, pero también en el trabajo en conjunto; en las identidades, hasta el punto en que no te encierre en una jaula de egocentrismo que no te permita moverte de eso.
-Los diseñadores y el ego…
-Un diseñador madura cuando su preocupación es satisfacer al otro, no a sí mismo. Las nuevas generaciones están en ese período natural de satisfacerse y mirarse a sí mismas. Estos diseñadores emergentes no surgen por una necesidad del mercado, sino por una propia. Todos pasamos por esa época, y simplemente hay que estar conscientes de superarla, porque hay muchos colegas de mi generación que todavía no lo han percibido. He dicho.
Por otro lado, es importante saber administrar identidades y ser versátil; moverse para no sentirse encerrado en ninguna identidad estática. Laboratorio T pretende y tiende a formar profesionales en esa fluctuación de las identidades, en el dinamismo, en poder aceptar la visión de otro, y diseñar a partir de premisas.
-¿Cuáles es la dirección de esta colección?
-La temática de la colección, las inspiraciones, referencias, fueron una decisión del equipo. Tomaron la arquitectura de los 60, y una obra en particular de Clorindo Testa: el Banco de Londres. Tuvieron una reunión con él en su estudio, le mostraron los bocetos, ciertas estampas que desarrollaron... Yo les doy una devolución, pero ellos deciden hasta dónde tomar las devoluciones y hasta dónde seguir adelante. No es que deben acatar…
-¿Están listos para debatir?
-Exactamente, y de ahí surge. Eso es lo importante e inédito de Laboratorio T.
-Si es un laboratorio, entonces en parte es también un experimento. ¿Cómo ves a los participantes?
-Hubo una primera etapa de conocerse que era medio reality porque vienen todos los días, tienen un horario de trabajo. El jurado fue muy preciso al elegir a cada uno ya que pensaron en un posible rol que pudieran llevar a cabo dentro del grupo. Uno es más expeditivo en la organización y administrar tareas, otros que son más expertos en moldería o costura.
-¿Y cada uno se halla en ese rol?
-Sí, pero no son fijos, pueden ser intercambiables. El resultado es una colección original, compleja, que les está costando sangre llevarla adelante porque implica desarrollo de nuevas tipologías, formatos, texturas y estampas.
-¿Cuánto hay de estrategias de ventas?
-Todo. Está en sintonía con las tendencias, es absolutamente usable, y más allá de que el proyecto no tiene fines de lucro porque la colección no se vende es factible de ser colgada en una tienda. Si no no sería lógico ni afín a mi carrera y a lo que pienso.
-Y no sería diseño…
-Creo que lo que no se vende algún error tiene, porque el diseño es para vender. Quizás se está virando hacia otra disciplina más relacionada con las artes plásticas, que está bien, pero no es sobre lo cual trabajo.
-¿Qué te suma esto a vos?
-Aprendí a confiar en los proyectos, contra esa cierta sensación de desánimo que hay en nuestra sociedad. Cuando son buenos, funcionan, y hay instituciones que los apoyan, creen en el diseño como motor para ser competitivos en el mundo, como el CMD. No somos competitivos por la industria, sino por nuestras cabezas. Apostar a proyectos que apuestan a la creación colectiva y la creatividad es lo que una vez más aprendo. A confiar en nuestra capacidad como país de creativos.
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