La diseñadora Julia Schang Vitón abre las puertas de su flamante showroom para hablar sobre su identidad, proyectos, crecimiento, estrategias de negocio, el pasado, el presente y un futuro que la desafía y divierte.
-¿Si tuvieras que definirte, hoy, acá y ahora, qué dirías?
-No me gustan las definiciones; creo que nunca dicen algo de uno. No sabría definirme. Ahora justo, y no se si es por la edad, soy un proyecto en potencia. Siento eso. La colección pasada fue un experimento con suerte. Estoy rejuntando mi vida, armando un proyecto, armándome a mí misma, y de a poco va tomando forma. Soy directora creativa de una marca, o diseñadora de indumentaria, pero quién dice que termino en algo completamente diferente que ni siquiera tenga que ver con la ropa.
-¿Y por qué no?
-¿Y por qué no? No es que no me importe el futuro y esté sólo pensando en el presente, pero el futuro es un misterio muy incierto, tiene un espectro amplio, y eso me gusta.
 Backstage Bafweek SS13 por Laura Grosskopf
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-Estudiar Diseño de Indumentaria igual no implica que vayas a ser una diseñadora de indumentaria de ahora en más.
-Es que nunca me sentí así. Creía que al elegir una carrera me encasillaba en algo a lo que después me iba a tener que dedicar el resto de mi vida, y no me entraba en el cerebro. Soy una persona que no puede tener horarios rutinarios, no lo puedo hacer. Empiezo a odiar lo que hago y necesito estar cambiando todo el tiempo. Siento que tiene que salir de mí porque si no no lo hago.
-Quizás es parte de tu proceso creativo.
-Claro. En esta profesión podés cambiar todo el tiempo, y eso me alivia un poco. Encuentro en esta metodología de metamorfosis constante –que en realidad no es una metodología- mi lugar en el mundo. No podría encasillarme, me resulta inhumano.
-Las creaciones son muy personales, y cada uno transita su propio proceso… ¿Cuál fue el que tomaste para llegar a lo que presentaste en BAF?
-Reconozco el origen, aunque muy primitivo, en segundo año de la carrera en la UP. El otro día veía las láminas de los figurines y fichas que son mi yo actual pero mucho más ingenuo, que fue evolucionado. Siento que lo estoy trabajando hace mucho. Así creció la identidad que ahora se ve un poco más, pero sigue trabajando.
Todo empezó con una búsqueda de mi origen, porque nunca supe bien quién era. Mi origen me traía incertidumbre. Le preguntaba a mi papá -que es escritor, arma historias y todo es muy poético- de dónde venía nuestro apellido, y que no era muy concreto. A los 15 le propuse sentarnos a investigar, armamos el árbol genealógico. Descubrimos que Vitón es francés, pero Schang es chino. Incluso hay un pueblo en China que se llama Schang. Sólo nosotros dos somos esta mezcla muy exótica. Llamar a mi proyecto Schang Vitón era un poco concretar esa búsqueda personal, que tuvo niveles bastante profundos. En el proyecto pude poner todo lo que me interesaba y creo que un porcentaje bastante pequeño era la ropa.
-Cuando uno escucha el nombre espera algo muy oriental.
-Es que en un principio las tipologías partían de la moldería oriental. Tengo todas las bases, los moldes... Hay también elementos mucho más experimentales pero partí muchísimo de esas bases, y me interesó trabajar sobre esta fusión, qué pasaba con los orígenes, ir a lo primario y terminar en este producto. Hoy es esto, mañana será otra cosa.
-Todo se traduce…
-Sí, ahora no hago lo mismo pero las tengo automatizadas. Muchos de estos plisados y superposiciones, mangas, quimonos, quiero que se mantengan. En la facultad todo es conceptual, no pensás en lo funcional. Generás una imagen, una ideología, y ahora busco transformar eso en un producto más viable económicamente porque quiero vivir de esto. Estoy con Patricia Jablonka -experta en planes de negocios y parte del CMD- que me está ayudando. Parece una pavada, porque es obvio que hay que sacar costos, pero para mí no era tan obvio. También fue pensar como aggiornar a un producto que vendo en Buenos Aires para llevarlo al interior, o exterior. Son tantas cosas que a veces sentís que te va a agarrar un ACV. Y es lo que me divierte de hacer esto. Si no representa un desafío, a la semana no quiero más.
-¿Cuál es el desafío ahora?
-Trabajé mucho el proyecto en el nivel conceptual, morfológico, transformaciones exóticas, y me quiero enfocar en lo funcional. Estoy estudiando el producto y mi desafío es poder lograr que también sea comercial, ver dentro de una colección todas las líneas que debería tener -productos más conceptuales, otros que sean básicos-. Por suerte tengo a Diego, que fue mi alumno y ahora trabajamos juntos. Siempre dije: no voy a cambiar al mundo ni voy a salvar vidas haciendo ropa. Pienso que tener tu propia marca a veces es sólo para ser reconocida, porque en realidad no ayudás a nadie. Pero empecé a encontrarle la vuelta, porque aunque suene como un cliché con las cosas que para vos son lindas cambiás un poco el mundo, lo embellecés.
-En un punto, ¿es como decir que las canciones no le sirven a nadie?
-Imaginate que mi visión ingenua de cuando empecé a estudiar era ésa. ¿Qué pretendo, hacer más ropa? Ya hay un montón. Pero cambié la mirada, y creo que eso pasa en cualquier profesión. ¿Para qué escribir con la cantidad de libros que hay?
-¿Estabas apocalíptica?
-Siempre fui así. Por eso todo es demasiado pesado, no me tomo nada muy a la ligera, y así me agarran esos ACV cotidianos. Así siempre trato de encontrar la vuelta para autoconformarme un poco con lo que estoy haciendo.
-Y ahora ¿qué vas a hacer?
-Estamos en pleno invierno, somos tres manos -tiene una lastimada-, y quiero enfrentar este desafío de hacer producto. Trato de, con las pocas prendas que puedo hacer, generar algo que pueda ser visto afuera, que pueda competir y sea más entendido en el mercado de acá.
-¿Cómo?
-La manera es pensar en la calidad, el acceso, los largos modulares, ocasiones de uso, combinaciones, variedad. De repente empecé a tener una visión más de negocio, que me hace sentir que vendo un poco mi alma al diablo. Pero decir no me quiero vender en realidad es no quiero vender. Hay que ser un poco estratégicos para poder vivir de lo que te gusta hacer. Es que pienso: ¿Para qué quiero tener una marca de ropa? ¿Para cumplir el sueño? No, es llegar a alguien, que a otra persona le guste, le interese.
-Que el universo de tu marca te exceda…
-Es mi apellido, entonces si quiero que tenga trascendencia, tengo que generar que trascienda. Ceder, o lograr un equilibrio. Es como tener una pareja. La clave del éxito siempre va a ser el equilibrio: ceder y no dejar de ser tu yo puro.
En este momento estoy en medio de un proceso que andá a saber dónde va a llegar, pero estoy aprendiendo. Recién ahora entiendo de qué se trata esto. Antes veía las colecciones, las criticaba, y ahora las entiendo un poco más. Estar de este lado es un poco más complejo.
-¿Cómo te tiene la segunda colección?
-Con miedo de ver qué sale. La quiero presentar acá en el showroom/taller en marzo. La idea era estar en BAF, pero surgió la oportunidad de viajar a Londres con la colección, y tuve que considerar prioridades de negocios. El British Council me pidió un par de prendas para una muestra, nos invitaron a la inauguración y entrega de premios. Por otro lado, tengo entrevistas con negocios que tienen prendas de distintos diseñadores, para venderles la colección. Por más que no me la compren me parece superinteresante aprovechar. Es raro, y está bueno. Hoy es esto, tal vez la colección que siga será BAF, u otra cosa.
Retrato: Matías Sinigoi.
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