En Formosa se exhibe la muestra Mi ser íntimo, autoría de una escritora argentina, también conocida como Elisa la bordadora, quien con aguja e hilo bordó su visión del universo de Dickens.

Casi en sincronía con los festejos del bicentenario de Charles Dickens en Inglaterra, y mucho más al sur, una mujer da las últimas puntadas del petit point con que bordó el hogar de David Copperfield, en su taller de Villa Ortúzar. “Elisa la bordadora”, el álter ego, Frankenstein, utopía y creación de una escritora argentina, que prefiere dejar su identidad en secreto, reflexiona: “La labor de aguja, la práctica del petit point, del punto escapulario, del prisionero, la cadena romántica me llevó a poner en acto mis figuraciones secretas: actuar la pequeña Dorrit, ser Esther Summerson, habitar la pequeña Nell. Agnes Wickfield soy yo, y la señorita Havisham y Dora Spenlow. Charlie y la señorita Flite. Y sus pájaros enjaulados, condenados. Al bordarlos, me coloco en el centro de mi escena. Me bordo a mí misma”.
La elección del motivo de las piezas se condice con las “leyes internas de cada punto”, como bien declara su autora. Así, el punto escapulario aplicado para la confección del hogar de la familia Dorrit en la prisión de deudores, respondió al significado devocional que tal suministro tiene para ciertas congregaciones religiosas. El punto cordón del uniforme del señor Bumble -director de la parroquia de Oliver Twist- alude al lujo y la opulencia pero también, por la dedicación y el tiempo que exigió la tarea, al trabajo fabril en la era industrial.
En la repetición del punto cordón, bordado durante seis meses, se evoca la operatoria de los tejedores de Inglaterra del siglo XIX. El punto matiz que se ve en la indumentaria de Oliverio procura resaltar su carácter de huérfano. Sobre fondo negro, de una jaula bordada en oro salen, vuelan, se dispersan plumas de colores a su alrededor. Bordados que emulan a la nieve, en hilo blanco sobre fondo blanco con punto francés, representan a las niñas desencajadas del universo Dickens.
El material elegido fue hilo de algodón y de lúrex, aros de madera y linos color crudo, negro y marrón. La paleta de colores, que abarca los ocres, grises y dorados, obró como motivo dramático.
“En mí se esconde una escritora-bordadora del siglo diecinueve: Elisa. Todo lo que escriba próximamente va a ser un trabajo de texto y bordado: la biografía de los Brontë, textos biográficos sobre mis padres y los años setenta. Tengo muchas ganas de bordar a mis padres y a sus consignas revolucionarias,” concluye.
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