Dibujada al carbón, una silueta enfundada en un traje regional se percibe frágil, casi desnuda. El torso es sostenido por un corsé de cuero atravesado por puntilla, mientras algunas mariposas descansan sobre la pierna izquierda. El inconfundible autorretrato de Frida Kahlo fue una de las tantas imágenes que se encontraban en las más de 100 páginas dedicadas a la artista, en la edición especial de Vogue México de noviembre 2012 titulada Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo. En el artículo se tratan temas como el porqué de su estilo, la influencia de éste en el diseño contemporáneo, y conceptos basados en los últimos hallazgo del Museo Frida Kahlo: documentos, obras de arte, prendas de vestir, ornamentos.
Contra la corriente de tendencias
En una época donde la tendencia era vestir al estilo europeo, Kahlo vistió trajes mestizos o étnicos, escogió texturas, encajes, bordados, tonos, tocados y joyería. Para aquel que desconozca la cultura mexicana podrían parecer disfraces, pero en realidad eran atuendos prehispánicos pertenecientes a los pueblos mesoamericanos.
Hilda Trujillo, directora de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo desde 2003, reflexiona sobre la seducción del estilo de la artista: “Frida es reconocida a nivel mundial, pero además creo que tiene en su obra muchos elementos que hacen fácil la identificación con diferentes grupos sociales: las feministas, los que propugnan por la diversidad sexual, los enfermos, las mujeres... Tiene muchas facetas, y el público se identifica con su vida y obra. Algo que descubre el público, sobre todo, es que se trata de una artista sincera. No es que sea una artista fácil. Frida no es lo más fácil de leer para el público. No es, digamos, un bodegón pintado por cualquier señora. La gente busca algo más en Frida, busca la sinceridad, porque es una artista que dice lo que siente”.
A su reconocimiento internacional como artista se une la admiración por el estilo Frida. En múltiples entrevistas y fotografías se refleja la intención del vestir como un acto imponente, y parte de su manifestación. Además, en sus cartas a Diego aluce al impacto que producen sus vestimentas.
Tesoro de la Casa Azul
Aunque las obras de la artistas sean muchas y archiconocidas, resulta que existen aún más, inéditas, personales, guardadas bajo llave con motivo de una promesa. Así es como Dolores Olmedo Patiño, conocida como Doña Lola, nombrada Presidenta Vitalicia del Fideicomiso de Diego Rivera en 1965, y poco después Directora vitalicia de los museos Diego Rivera y Frida Kahlo, es la pieza clave. Se sabe que Diego le pidó no abrir su baño ni el de Frida, baúles, bodegas y armarios hasta 15 años después de su muerte. Ella cumplió con el deseo de Rivera, e incluso fue más allá: los mantuvo cerrados por más de cinco décadas.
Doña Lola murió en 2002, y dos años más tarde Hilda Trujillo Soto fue nombrada directora de la Casa Azul y el Museo Diego Rivera Anahuacalli. Bajo esta nueva directiva, y con la asistencia de Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México (ADABI), rescataron los archivos de más de 31.490 piezas, entre las cuales se encuentran 300 prendas de Frida. La fotógrafa Graciela Iturbide retrató la apertura del baño de Frida en plan documental, y responde a una entrevista en el siguiente video:
Dos vertientes, la discapacidad y los elementos de la tradición indígena
Volvemos al museo donde Circe Henestrosa, curadora de la exposición Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo, comenta que Frida eligió el vestido de tehuana no sólo porque se trataba de un vestido tradicional: “Ella eligió el vestido de Istmo de Tehuantepec, donde la mujer administra la sociedad y simboliza una mujer poderosa. Este vestido ayudó a Frida a proyectar sus convicciones políticas y su propia mexicanidad”. No debemos olvidar el legado tehuano de herencia familiar por el lado materno. Circe además habla sobre dos vertientes: por un lado la discapacidad de su pierna desde los 6 años y el accidente que sufre a los 18 años, y por otro los elementos de la tradición indígena, cuyos trajes voluminosos aprovechaba para matizar su deficiencias físicas.
La muestra es un recorrido que explora al ícono del arte mexicano y su relación con la moda a través de 22 atuendos del guardarropa de Frida, y una Sala Vogue donde se muestran expresiones contemporáneas de la imagen y visión de Frida interpretadas por diseñadores internacionales y nacionales. Cuenta también con una publicación impresa, un libro donde se documentaron los textiles de la artista, sus medicinas, aparatos ortopédicos, perfumes y maquillajes.
Reflexión intimas
En La paradoja de Frida, del historiador del arte Luis Martín Lozano -ex director del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México y una de las máximas autoridades en la vida y obra de Frida Kahlo a nivel mundial- se analiza la dimensión artística de su legado y devela la gran paradoja de su vida, en palabras del autor: “Consagrarse como artista nunca fue la meta de Frida Kahlo, sino ser feliz”.
Por otro lado, la antropóloga Marta Turok estudió y documento la colección de textiles encontrada en un pequeño armario de madera, dentro del baño de Frida. Con respecto a las casi 300 piezas de ropa, calzado y accesorios rescatadas, la profesional destaca: “El estilo ecléctico que Frida forjó es una extensión de su arte y su ser”.
La muestra se exhibe hasta el 22 de noviembre del 2013, en el Museo Frida Kahlo Casa Azul.
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