|
Extrañamente, fue una calurosa tarde. El 4 de julio, frente al Riachuelo, se cerraba la exposición El universo futurista, en Fundación Proa, La Boca, Buenos Aires. Y lo hacía con un desfile de las producciones de la cátedra de Andrea Saltzman, docente de la Facultad de Diseño, Arquitectura y Urbanismo (FADU-UBA). Para Moda futurista hoy se instaló una pasarela en la calle, donde pasaron las creaciones de 400 alumnos, inspirados en el movimiento y el manifiesto La vestimenta antineutral, publicado en 1914.
En el futuro quizá la indumentaria evolucione y deba adaptarse a las nuevas necesidades de los individuos que las lleven. Nada en el diseño será inútil: todo cumplirá su función dentro de la prenda. Será necesario crear prendas cómodas, dinámicas, adaptables a distintos lugares, que permitan un mejor movimiento, y por sobre todas las cosas, que muestren la identidad y creatividad de quien las usa. Eso fue lo que plantearon.
Primero se vieron vestidos pegados a la piel con medias debajo, con estampados al estilo grafiti con motivos varios, desde una fábrica y un reloj hasta aves silvestres, mezclados con frases, letras sueltas y onomatopeyas -como pum y guau-. Mucho color, destacado aún más por los zapatos con plataforma en tonos fluorescentes.
Para las personas cansadas del incómodo traje masculino, los alumnos de la FADU tienen una nueva propuesta. Pantalones con apertura en las rodillas y blazers con roturas similares en los codos, para facilitar los movimientos. Conjuntos asimétricos, algunos marcando en naranja fluorescente las costuras. Modifican la estructura original del traje, uno de ellos incluso se convierte en enterito. “Todo empezó con un traje sastre comprado en una feria por $ 5”, cuenta Joaquín Belmonte, alumno de 24 años. “Para el trabajo nos veníamos preparando bastante. El conjunto lo creamos a partir de un collage que hicimos con obras futuristas, y luego sacando fotos entre nosotros. Pusimos énfasis en la movilidad y comodidad, características indispensables en la vestimenta actual, y en la estética futurista también, lo cual nos obligó a hacer modificaciones drásticas en el traje. Tratamos también de mantener la apariencia de prenda única y hecha a medida, combinando costuras a mano, invisibles y a máquina.”
Luego se observó ropa adaptable a varias circunstancias, de telas impermeables y cortes desestructurados también.
Pero lo más impactante del desfile fueron las creaciones inspiradas en el movimiento. Más de un chico se quedó boquiabierto con la coreografía mostrada por los modelos, que les dieron vida a sus coloridos atuendos. Círculos, cuadrados, triángulos y miles de líneas curvas formaban parte de los diseños que casi parecían dar una nueva identidad a quienes los llevaban: se convertían en medusas, orugas, murciélagos. Dentro de un par de décadas tal vez haya que refugiarse en un capullo, aquellas alas rayadas con púas debajo, y será útil el movimiento para camuflarse en el paisaje. Los alumnos de Saltzman demostraron que quizás el futuro no sea sombrío, oscuro y contaminado. Habrá ropa a la medida de las circunstancias, útil y práctica, pero sin olvidar la originalidad y particularidad de cada persona.
|